
Cristiano Ronaldo no es solo un futbolista. Es un símbolo de constancia, ambición y superación. Esta semana, el portugués alcanzó los 931 goles oficiales en su carrera profesional, una cifra que parece sacada de un videojuego, pero que es fruto de dos décadas de trabajo incansable.
Desde que marcó su primer gol como profesional con el Sporting de Lisboa en 2002, Ronaldo no ha dejado de romper redes, récords y expectativas. Lo hizo en Inglaterra con el Manchester United, dominó España con el Real Madrid, dejó su marca en Italia con la Juventus y ahora sigue escribiendo su legado en Arabia Saudita con el Al Nassr. Y, por supuesto, ha hecho historia con la selección de Portugal.
Cada uno de esos 931 goles cuenta una historia: tiros libres imposibles, cabezazos demoledores, penales bajo presión, remates de media distancia y goles en finales que definieron títulos. Pero más allá de la cantidad, lo que impacta es su vigencia. A sus 40 años, sigue compitiendo como si recién comenzara, cuidando su cuerpo y su mente como un atleta de élite.
Cristiano no solo persigue el gol 932. Persigue la eternidad. Su objetivo es claro: alcanzar los 1,000 goles oficiales, algo que muy pocos han logrado (y con cifras debatidas). Pero si alguien puede hacerlo en la era moderna, es él.
Mientras otros miran el ocaso de su carrera, Ronaldo sigue mirando al frente, con el mismo fuego en los ojos que aquel joven de Madeira que soñaba con ser el mejor del mundo. Y lo logró.