Cuando el Metro fue inaugurado, su funcionamiento y la experiencia de los pasajeros eran muy distintos a lo que conocemos hoy. Desde estrictas normas de seguridad hasta una vestimenta peculiar para el personal, este sistema de transporte tenía características que con el tiempo han desaparecido.
En aquellos primeros días, viajar de pie no estaba permitido, y cada vagón contaba con una edecán que guiaba a los pasajeros hasta su asiento. Esta medida tenía como objetivo garantizar la comodidad y seguridad de los usuarios.
El personal del Metro también tenía una apariencia muy particular. Los conductores usaban un sombrero de estilo francés, mientras que los vendedores de boletos y los agentes de seguridad vestían uniformes con capas inspiradas en la moda francesa. Este detalle le daba al sistema de transporte un aire sofisticado y distinguido.
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Uno de los momentos más llamativos de la inauguración del Metro era la reacción de los pasajeros. Cada vez que un tren llegaba a la estación, la gente aplaudía con entusiasmo, mostrando su emoción ante un medio de transporte innovador que prometía transformar la movilidad de la ciudad.
Con el paso del tiempo, estas costumbres se han perdido y el Metro ha evolucionado para responder a las necesidades de millones de pasajeros diarios. Sin embargo, recordar estos detalles históricos nos permite apreciar cuánto ha cambiado la forma en que nos transportamos y cómo el Metro ha acompañado el desarrollo urbano.
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